Por Anja Kallenbach

Anja Kallenbach está por fin en las montañas. En este artículo nos explica qué sensaciones tuvo y qué les espera a los profesionales del Tour de Francia el día 23 de julio.

Después de que llegara la tan esperada primavera, quería volver como fuera a las montañas con mi FOCUS Cayo Disc. Creo que si hubiera tenido que entrenar en llano una semana más, casi me habría planteado dejar el ciclismo. Estuvimos en mi segundo hogar, en la región del Mont Blanc en la Alta Saboya, donde disputo todas mis competiciones. Allí corrí la etapa del Tour de Francia en la que se tendrán que enfrentar los profesionales el 23 de julio. Conozco estas montañas muy bien por las competiciones, aunque nunca las había recorrido por este orden. Por desgracia la salida queda muy lejos de la meta, pero mi novio tuvo el detalle de acompañarme con el coche, aprovechando así para sacarme algunas fotos.

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OTRA VEZ LAS MONTAÑAS. POR FIN.

La salida está en Megève, un pueblo de lo más tranquilo en verano. Para empezar, se desciende casi sin pausa hasta Flumet, por lo que da tiempo a rodar un poco antes del primer puerto. Entonces comienza la primera montaña, el macizo de Aravis, que con 12 km y un 5% de desnivel es verdaderamente inofensiva. Quedan atrás cascadas y barrancos hasta que, algo más arriba se puede disfrutar de una vista espectacular del Mont Blanc. ¡Guau! Por fin sol brillando en los radios y por fin cuestas arriba, ya no podía borrar la sonrisa de mi cara. Mis nuevas Zipp 202 hacen que la Cayo sea aún más liviana y la escalada es pura diversión. Pero uno no puede distraerse, ya que hay unos cuantos boquetes considerables en la carretera y no parece que vayan a arreglarlos para el Tour. Entonces empieza otra vez el descenso. ¡La Cayo es una auténtica artista de las curvas! Por desgracia, el descenso hacia Grand Bornand no es especialmente largo.

El camino llega directamente al pueblo del famoso Col de la Colombière. En sus pendientes me he batido alguna que otra vez en duelo conmigo misma y con otras competidoras, aunque siempre en la otra cara, donde en combinación con el Romme sur Cluses forma una auténtica prueba de fuego. Sin embargo, desde Grand Bornand presenta un desnivel de 700 m a lo largo de 11,5 km, por lo que es realmente benigno, además de ofrecer una fantástica vista del pueblo y de las montañas circundantes. En ese momento me llevé mi primer susto, una señal roja de «cerrado». ¿Se acabaría aquí mi viaje? Aproximadamente dos kilómetros antes de la cumbre me encontré, efectivamente, con la barrera. Así que saqué la chaqueta del coche e intenté seguir con la bici. Lamentablemente mi novio tuvo que dar un rodeo enorme. Al principio se circulaba razonablemente bien con la bici, pero más adelante la carretera estaba cubierta de nieve y tuve que llevar la Cayo al hombro durante un kilómetro por ventisqueros con mucha nieve. Pero los esfuerzos valieron la pena, el descenso por la otra cara es vertiginoso. Debido al agua del deshielo la carretera casi parecía un lago, pero con los frenos de disco no hay que preocuparse del buen funcionamiento de los frenos. No me gustaría tener que volver a usar los frenos de llanta, por lo que este año no voy a competir en ninguna carrera y espero que el año que viene los frenos de disco vuelvan a estar permitidos aquí, en las carreras cyclosportive. 

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Tras el Col de Colombière llega por primera vez un tramo que no me gusta nada: un valle largo. Ni es llano ni es una subida en condiciones. Además; no ofrece vistas que merezcan la pena. Como me pasa siempre en las competiciones, hoy también he sufrido aquí una crisis considerable. Por culpa del tiempo mis piernas no llevan todavía casi ningún kilómetro de montaña y hoy no he dejado de preguntarme si sería capaz de lograrlo. Llegados a este punto, la cosa se pone seria de verdad. El Ramaz tiene subidas muy escarpadas y el Joux Plane es durísimo.

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LA LLAMADA DE LA AVENTURA

Pero estaba pletórica al llegar por fin a las primeras revueltas del Ramaz. Tiene 14 km de longitud y empieza muy suave. Pero cuando se divisan los túneles, la parte fácil se acaba de golpe. Los indicadores kilométricos que hay en los puertos franceses, que informan de los kilómetros restantes y de la altitud, muestran aquí un despiadado once por ciento. Además, la carretera serpentea entre gargantas rocosas, con lo que incluso hoy el calor era insoportable; en verano es un auténtico horno. Sin embargo, cuando se deja atrás el túnel largo, los últimos 4 km son nuevamente más agradables. Si bien aquí también me topé con la señal roja de «cerrado». Como el motivo no estaba claro, seguí adelante, pasando junto a las primeras murallas de nieve. Pero, de repente, la carretera desapareció ante mí y solo quedaba barro, grava y unos charcos enormes. Aunque, ¿qué mejor ocasión para sacarle partido a mi versátil FOCUS con auténticos genes de cyclocross? Así que la Cayo y yo tuvimos una buena dosis de diversión en el barro y gracias a los frenos de disco el descenso por la inexistente carretera no supuso ningún problema. Tengo la impresión de que en este tramo están renovando el firme para el Tour.

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A continuación, me esperaba otro valle largo hasta Samoëns, que es uno de los pueblos más bonitos que conozco. Sé que los profesionales no tienen tiempo, pero yo no pude pasar por delante de "Tiffanie" sin comerme una de sus famosas tartaletas de frambuesa. Para afrontar el Joux Plane nunca sobra energía. Ya desde el pueblo se empieza con una pendiente superior al diez por ciento y el dolor va creciendo en las piernas.  Aparte de dos o tres kilómetros en el tramo central, el nivel de dureza se mantiene. Tiene un promedio de pendiente del nueve por ciento a lo largo de doce kilómetros. Estoy segura de que este será el escenario donde se luche por la victoria del Tour. 

LUCHA CON RECOMPENSA

Yo también me he enfrentado hoy a una lucha denodada, aunque haya sido contra mí misma. Seis kilómetros antes de la meta estaba casi en las últimas y tenía calambres por todas partes, pero los que me conocen saben que nunca me rindo. No obstante, ha sido absolutamente necesario hacer una miniparada para un pícnic. Es fantástico lo de tener un coche de apoyo, no hace falta comer barritas energéticas. Con energías renovadas, he afrontado los últimos kilómetros de la jornada que han sido maravillosos. En la parte superior, la carretera discurría entre muros de nieve de varios metros y la vista de la cumbre nevada era impresionante. Aunque hoy estaba totalmente sola aquí arriba y no había espectadores animándome, como ocurre en el Tour, también me he sentido vencedora al rebasar mi línea de meta personal que había estado persiguiendo durante todo el día.

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Me habría encantado seguir bajando a toda velocidad por el complicado descenso técnico hacia Morzine, pero la carretera volvía a estar cortada, esta vez por peligro de avalancha. Es imprescindible respetar esto en las montañas. Sea quien sea el que llegue primero hasta aquí el 23 de julio, aún no tendrá la victoria asegurada. El descenso es difícil y está plagado de curvas,y la carretera está en muy mal estado (aunque puede que esto último cambie antes del Tour). En una ocasión, tuve la fortuna de ganar aquí la carrera «La Morzine» tras un atrevido descenso. Espero haberos servido de inspiración para que salgáis pronto a la montaña a lomos de vuestra Focus. Merece la pena visitar esta región del Mont Blanc, salpicada de multitud de puertos maravillosos.

Si queréis saber más sobre mí y mis viajes con la Cayo o si necesitáis consejos técnicos o sobre rutas, podéis poneros en contacto conmigo a través de mi página web:

 

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ANJA Kallenbach
UTILIZÓ LA CAYO

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